Por suerte no. Por suerte las mujeres que devenimos madres somos tan múltiples como las mujeres que deciden o les ocurre no tener hijxs. Por suerte esas caricaturas de madres absorbentes y absorbidas en la vida de los demás son -en gran parte- pertenecientes al imaginario colectivo de cuánta amenaza significa la maternidad.
Una simple mirada a las muy emotivas publicidades de éste día pueden darnos una visión del abanico de mujeres que deslumbra como un ente superior: madres abnegadas, felices, madres suficientemente buenas, madres poderosas y multimujeres; mujeres “hacendosas” que todo lo pueden, madres con un amor infinito, incondicional, que se multiplica en entrega y cariño, madres ejecutivas, glamorosas, “regias”, sexys, privilegiadas en su divina fecundidad de mujer…
El mensaje comercial es estremecedor, apela a una entrega y abnegación de niveles sobrehumanos y apela también a una recompensa que no se mide en bienes materiales, se mide en actos y afectos. Según esta mirada, habrá que conformarse con collares de fideos, dibujos, portalápices pintados, las que corren más suerte se les otorgará electrodomésticos para que su vida cotidiana sea más fácil y para las madres que “trabajan” los aparatos de retribución son apropiados a la tecnología de sus nuevos tiempos…

